Los economistas nunca somos bienvenidos en fiestas y eventos sociales durante grandes crisis económicas. En los últimos diez años hemos vivido dos grandes shocks que nos han alejado de helados grifos de cerveza y de pantagruélicos aperitivos. La razón es muy sencilla: somos portadores de malas noticias. Es cierto que la realidad económica y social española, en este momento, arroja algunas luces… pero las sombras dominan el horizonte, por desgracia.

360smartvision.com ofrece una oportunidad única para captar los matices y los detalles de la situación socioeconómica española, sin el ruido de los titulares de prensa. Entender los pormenores de la situación social debe ayudar a diseñar políticas públicas más eficaces.

Dentro del objetivo de inclusión, las solicitudes de ayudas a organismos privados crecieron de manera notable desde marzo, tal y como muestran los datos facilitados por Cruz Roja. El volumen de ayudas públicas siguió igualmente una senda ascendente.

La contracción de las rentas estimadas sugiere que los ingresos de los hogares están sufriendo importantes recortes y que estos podrían agravarse en caso de producirse un nuevo confinamiento. Para estimar qué individuos sufrirían más con un nuevo encierro domiciliario, he utilizado los datos de la Encuesta de Condiciones de Vida (ECV) del año 2018.

A partir de ella, he identificado aquellos hogares cuyos ingresos se contraerían con más fuerza en caso de que una nueva ola del virus golpeara a los empleos del cabeza de familia (hostelería, transporte de viajeros…). Los he separado del resto de hogares en función de la fuente de ingresos del cabeza de familia: trabajadores “seguros”, pensionistas, empleados públicos y perceptores de transferencias nacionales o autonómicas. El Gráfico 1 muestra los resultados obtenidos. El eje horizontal recoge los centiles de renta de cada uno de los hogares de la muestra. El eje vertical el porcentaje que cada categoría de ingresos supone respecto del total para cada centil.

Gráfico 1

Los datos muestran un claro dominio de las transferencias del estado para los primeros centiles de renta, derivados de la renta mínima vital y de otras transferencias autonómicas para hogares en exclusión. El sector público, mediante pensiones, salarios públicos y transferencias, domina entre el 40% y el 50% de los ingresos entre los centiles 10 y 80.

En cuanto a los ingresos en riesgo como consecuencia de un potencial cierre, un 30% de las rentas están en riesgo de desaparición para los centiles del 30 al 100. Los ingresos “seguros” suponen alrededor de otro 30% en ese mismo rango de rentas. Crecen, sin embargo, en los primeros centiles donde trabajadores poco cualificados esenciales (agricultura, por ejemplo) mantendrían su trabajo y en los últimos, donde el teletrabajo es más factible gracias al tipo de ocupación del cabeza de familia del hogar y a la presencia de conexión a internet y ordenador propio en el hogar. Cada uno de estos parámetros ha sido simulado a partir de los datos de la ECV.

Extraigo dos conclusiones sobre esta distribución de renta. La primera es que, ante un eventual descontrol de la pandemia, el 30% de los ingresos de los hogares estarían en riesgo de desaparición. El segundo es que el sector público tiene un peso enorme en las rentas de los ciudadanos españoles. Ante una contracción de la actividad prolongada, este peso tenderá a acrecentarse por la evolución de los estabilizadores automáticos.

El reto a corto plazo es sostener la actividad y las rentas sin caer en una situación similar a la del año 2013. Si se cumplen las previsiones del Gobierno y se mantiene el apoyo europeo, esto probablemente se consiga. A largo plazo el problema es igualmente acuciante; dada la tendencia demográfica y la baja productividad de nuestra economía: ¿podemos permitirnos que casi la mitad de las rentas, para una mayoría de españoles, dependa del Estado?

El necesario incremento del gasto para aliviar los efectos sociales de la crisis, unido al papel estructural del Estado de bienestar en España, nos obligará a un fuerte esfuerzo de austeridad en los próximos años.

Supongo que ahora entienden mejor por qué mis amigos hace tiempo que no me invitan a ninguna fiesta.