En África hay muchas tradiciones, una de ellas es la del espíritu Ubuntu, que es una filosofía de vida basada en elementos como la confianza y ayuda mutua, el respeto, el cuidado de lo colectivo, con el comienzo del cuidado de uno mismo; además es la denominación de una magnífica distribución de software libre. Muy aplicable en tiempos de pandemia, donde la responsabilidad y acciones individuales tienen efectos en toda la comunidad. La vacunación y medidas de distanciamiento son ejemplos de ello.

Pese a que en este final del mes de marzo de 2021 vivimos en España uno de los puntos más bajos de niveles de contagio por coronavirus, con una incidencia acumulada de 127 casos por 100.000 habitantes, y contamos con cierta estabilidad en la estructura hospitalaria y de cuidados intensivos, no podemos dejar de preocuparnos por la posibilidad de una cuarta ola. A la vez, en buena parte de Europa vuelve a haber cierres y confinamientos estrictos por la elevación de estas estadísticas, pero el foco se sigue situando en el efecto de las vacunas y una cuestión clave, su administración, que, a todas luces, está demostrando lo que ya apuntábamos a comienzo del mes de febrero, la salida al final de este largo túnel pasa por la vacunación masiva. Pese al frenazo que ha supuesto la paralización por unas semanas con la vacuna de Oxford/Astra-Zeneca, la apuesta debe seguir estando en la aceleración e implementación del proceso vacunal en todos los colectivos susceptibles de padecer las formas más graves de la enfermedad, que en definitiva, son las que producen el colapso en el sistema. Habrá un momento de inflexión clave, que doblegará la curva de contagios al alcanzar el punto de cobertura donde la protección llamada “de rebaño” sea eficaz.

Fuente: Our World in Data. Marzo 2021

Estos días, la Universidad de Stanford publicaba un vídeo que resumía en poco más de un minuto la historia del control de algunas enfermedades y cómo se habían erradicado gracias a las vacunas: no sólo ha sido el camino para acabar con la polio, rubeola, difteria, tétanos, sino que también lo será para el coronavirus.

El análisis de eficacia de con resultados en población y sobre el terreno mucho mejores que en las expectativas de los ensayos clínicos: en Israel se está comprobando en lo que llamamos resultados en el mundo real: la reducción de casos sintomáticos en un 94%, hospitalización en el 87%, y los casos severos de covid-19 en un 92%, dan prueba de que esta pandemia es controlable con las herramientas actualmente disponibles, por supuesto, sumadas a otras muchas. En Estados Unidos, las cifras también apuntan al mismo efecto. Y es evidente que la inversión en la vacunación masiva tiene un impacto directo en la vuelta a la normalidad.

Por otro lado, la mortalidad de la infección por coronavirus, así como los efectos de sus casos severos, ha descendido enormemente, poniendo de relieve, por una parte, un mayor conocimiento de la enfermedad, y de los tratamientos, así como una vuelta a la normalidad, donde el protagonismo de las enfermedades prevalentes en cada región vuelve a ser una de las preocupaciones en materia de salud. El Banco Mundial ha desarrollado un índice en ese sentido "ratio de severidad" para recordarnos de forma la gravedad de esta pandemia. Es un indicador que compara COVID-19 con las principales causas de muerte en los diferentes países, con cifras con las cuales estamos habituados a manejar.

Fuente: Banco Mundial, 21 febrero 2021

La pandemia ha supuesto una buena regla de medir la situación de cada país respecto a conocer la fatiga de sus sistemas de protección en materia de salud a la población: no es sólo la disponibilidad de camas de hospitalización, o de cuidados intensivos: esta cobertura va más allá y comprende aspectos que van desde la educación para la salud, realizada desde atención primaria, a la disponibilidad de enfermeras en los colegios.

Por otro lado, en nuestro país se ha polarizado (también) la discusión sobre el papel de la sanidad privada en esta crisis, llevando de nuevo las aguas hacia un discurso político que una gran parte de la población no acepta, pues demanda soluciones para la vida real, vengan de la iniciativa pública, privada, o como es tan frecuente, de la colaboración de ambas.

Los confinamientos masivos y sin una justificación de transmisión comunitaria posiblemente sean un planeamiento equivocado, más a estas alturas de la pandemia, donde las vías de transmisión son conocidas y fácilmente controlables, y lo que es más importante: esos confinamientos empiezan a tener escaso impacto en la pandemia, no se han publicado estudios de coste beneficio de los mismos. Urge que los confinamientos sean justificados de forma transparente y con una sólida base científica desde el punto de vista de la transmisión comunitaria. Esta transmisión está mucho más relacionada con el comportamiento inadecuado de algunos sectores de la población (de todas las edades, pero especialmente, de jóvenes).

Hay países, como Japón, que ha programado y lanzado una agenda de recuperación basada en la tecnología, y en políticas de aceleración de desarrollo científico y no en una agenda basada en la ideología. La toma de decisiones a golpe de decreto, sin conformidad de mayorías representativas en una agenda política forzada, en el contexto de una pandemia, y en temas clave para el desarrollo de un país, debería tener mucho más aire de consenso que de confrontación. Hay ejemplos cercanos, como el de Portugal donde lo normal es ver que los partidos políticos se han puesto de acuerdo en cada una de las decisiones tomadas en cuanto al control de la crisis, unas más acertadas que otras, y haciéndose cargo de la responsabilidad cuando las cosas no han ido bien.

Es urgente acelerar todos los procesos de la vacunación. También explorar y explicar qué ha sucedido en los mecanismos de farmacovigilancia para que haya cundido el pánico y se hayan perdido días tan valiosos. Cuesta mucho comprender cómo tantas cuestiones sociosanitarias de enorme calado no hayan tenido consenso ni discusión (y como tanto se comenta en estos días, una cuestión tan trascendente, como la eutanasia) y otras, como sería un plan de vacunación masiva, se estén encontrando relegadas a un plano secundario en un escenario de necesidad. Esta vacunación, que está demostrando un alto nivel de protección poblacional, y a la que debiera darse una prioridad absoluta y aplicación 24/7/365 hasta alcanzar niveles de protección general.

En el marco de la sostenibilidad, puede ser una oportunidad si las inversiones no se dispersan en proyectos realmente inviables: la creación y mantenimiento del empleo y la transformación de la industria de servicios hacia un modelo de mayor calidad y productividad, pueden ser motores de un verdadero progreso. Dentro de la agenda y del empleo de los fondos de recuperación, además de la transparencia, deberían priorizarse cuestiones como la digitalización de la sanidad y la educación, donde el efecto de la pandemia será negativo a medio plazo (a corto ya lo es) y que las áreas económicas más afectadas sean capaces de adaptarse y transformarse en un salto hacia adelante. El espíritu Ubuntu es mucho más que una posibilidad o un deseo, se convierte en una necesidad, donde todos debemos trabajar y remar hacia adelante.